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Los Tres Arquetipos Universales. Platón definió los arquetipos como las formas generales a partir de las cuales todas las demás formas particulares han sido creadas. Todas las formas circulares particulares que vemos en nuestra experiencia diaria existen porque fueron modeladas a partir del círculo arquetípico, que sería el círculo perfecto. Entender las propiedades de ese círculo arquetípico nos ayuda a relacionarnos de una manera más efectiva con los círculos particulares del mundo material. Así, aunque no sean círculos perfectos, saber que el área de un terreno circular es π multiplicado por el radio elevado al cuadrado, ayuda a determinar cuánto terreno le corresponde a una persona si debemos repartir dicho terreno.

Bioingeniería Cuántica conoce la existencia de tres arquetipos universales. Esto significa que al final, todas las formas y todas las cosas provienen de esas tres manifestaciones, y en ellas está contenida toda la información necesaria para la construcción de todos los planos de la creación, desde los más sutiles hasta los más densos de la forma física. Estos tres arquetipos universales son: la Luz, el Sonido y la Geometría. Todo es luz, todo es sonido, y todo tiene una geometría específica, es decir, una proporción y una relación específica de ángulos y medidas que hacen que cada cosa sea lo que es.

   

   Tomemos el ejemplo de las emociones: la alegría y la tristeza son ciertamente diferentes, porque se sienten de manera distinta. Esa diferencia debe consistir en una diferencia en la vibración de las frecuencias de luz, de sonido y de las geometrías que la constituyen. Como el universo es la manifestación de una totalidad que contiene todas las posibilidades, entonces todas las diferentes combinaciones de frecuencias de luz y de sonido, y de geometrías, van a existir. Eso significa que no podemos tener un universo con alegría, pero sin tristeza. Sería como tener un planeta con día, pero sin noche. Por eso, cuando una persona está deprimida, no es una solución para ese problema el intentar suprimir la tristeza; lo que debe hacerse es transformar esa energía, que está vibrando en una cierta frecuencia y que tiene una determinada geometría, y hacer que vibre de otra manera y se organice con otra geometría.

   

   Cada persona es diferente de todas las demás precisamente porque su geometría y sus vibraciones son específicas. Por esto, cada individuo va a tener una manera de relacionarse con la vida totalmente distinta de la de todos los demás seres humanos. Intentar uniformizarlo todo es el comienzo de la enfermedad, porque significa destruir la particularidad y la expresión única de todas las formas manifestadas. Es por esto por lo que Bioingeniería Cuántica no basa su acción en leyes, sino en la capacidad de escuchar el pulso del corazón concreto del individuo, que es el que contiene las vibraciones particulares que lo configuran en coherencia. A partir de esta escucha, se puede determinar exactamente lo que necesita cada persona para desarrollar sus propias vibraciones y crecer en su propia geometría. Es como si tomáramos una flor que, por naturaleza, tiene una geometría de seis pétalos pero que ha sido forzada a tener solo cuatro por presiones de su mundo circundante; entonces escuchamos su pulso, descubrimos que necesita desarrollar seis pétalos y activamos en ella, mediante la geometría, la luz y el sonido, la vibración específica que la reconecta consigo misma y le permite florecer con su cantidad específica de pétalos, con su color, con su forma, con su propio ritmo.

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   La Geometría, la Luz y el Sonido son, entonces, una de las bases de tratamiento que conforman los vehículos de formulación terapéutica de Bioingeniería Cuántica: la técnica consiste en reconectar al consultante con su vibración más íntima para que desarrolle todo su potencial, de acuerdo con la información propia de su individualidad, de su particularidad, como manifestación única e irrepetible de la totalidad. De esta manera hay un respeto por cada cosa como es y por sus ritmos propios. El secreto de este proceso es, al final, el contacto íntimo con el corazón, que es la clave de nuestra unión con la totalidad.

   Según una antigua tradición, la Luz es el origen de todo, pues antes de su manifestación todo estaba en tinieblas. Esta Luz, el logos original, junto con el sonido que determina el ritmo, va desdoblándose y produciendo la manifestación del universo. Así, la luz pura original se convierte en el sol central de cada galaxia, de este sol galáctico pasa a convertirse en el sol central de un sistema planetario y termina consolidándose en el corazón de cada individuo, que funciona como el centro solar del cuerpo físico. Por eso, conectar con el corazón significa conectar con la información disponible en la Luz más sutil. Conectar con su pulso significa conectar con el Sonido más sutil, el verbo original, el aliento que le da vida al universo. Estas formas contienen en sí toda la Geometría necesaria para construir todo el universo: todas las formas originales perfectas, los sólidos platónicos, los triángulos, los círculos, el uno, la relación del dos, la estabilidad del tres, la completitud del cuatro, y toda la numerología con la que se construye la creación.

El corazón es lo más universal y al mismo tiempo lo más particular que hay un ser humano. Allí está la clave de nuestro propósito y de las posibilidades que nos fueron concedidas para la experiencia humana. Conectar con su ritmo, con su pulso, aprender a respetarlo y amarlo es el secreto para la reconexión de nuestra individualidad con lo verdaderamente universal, y no con lo uniforme de la mentalidad opresora de la mente racional fuera de control. Es el primer paso para reconectar con la divinidad que somos, que hemos sido desde el inicio y que seremos por siempre. Para lograr esta conexión no se requiere más tomar el pulso del corazón, escucharlo con paciencia y atención, escucha atenta y una actitud cariñosa con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea que nos permite ser lo que somos y recordar nuestra frecuencia para manifestarla.

Articulo Publicado por:

Sergio Ortiz Sotelo

Equipo Edición IBC

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Sandra Fernández

Descubridora del PCT Pulso Cuántico Toroidal Base de Bioingenieria Cuántica

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