Retiro de Cuarenta días: Maestría del silencio. El número 1 representa la unidad primigenia. Para que se dé la creación de algo concreto esa unidad debe proyectarse a sí misma en un segundo aspecto, que es el número 2.

El 2 es la dualidad y el principio de la interacción creativa. De la relación del 1 con el 2 nace el 3, que es el resultado de esa interacción.

El 3 es la estabilidad inicial a partir de la cual ya puede ocurrir una manifestación, la divinidad tripartita, o trinidad, que es la base de la creación.

La manifestación, finalmente, está representada por el número 4. Este representa lo concreto manifestado; la Tierra, con sus 4 direcciones (oriente, occidente, norte y sur); los 4 elementos que conforman toda la materia del universo. Es un número de estabilidad y acciones concretas, de límites bien delineados que confieren practicidad y la posibilidad de completar un proceso: de la semilla del 1 a lo manifestado concreto del 4.

El 0, por su parte, representa lo infinito. Lo inmanifestado. Aquello que no tiene límites. El misterio de lo incognoscible. Así, al unir el 4 con el 0, obtenemos una combinación entre lo manifestado y lo infinito: la creación concreta de una realidad que se proyecta al infinito, como los fractales que constituyen la base de todo el universo de colores y formas que es nuestro hogar.

El 40 es el símbolo de la totalidad: la creación unida con su origen inmanifestado y misterioso, es decir, el ciclo completo desde el vacío hacia lo lleno y de vuelta al vacío, lleno de infinitas posibilidades.

Esta simbología ha hecho que el número 40 sea considerado como un número especial en todas las tradiciones. Tanto en la sabiduría china como en las enseñanzas védicas, en la Biblia y en otras escrituras sagradas, se utiliza constantemente esta cifra como símbolo de un tránsito creativo que despliega las infinitas posibilidades latentes en un individuo.

40 días pasa Jesús en el desierto, donde debe ser tentado para probar que puede trascender sus límites y proyectarse al infinito. 40 días está Moisés en aislamiento para recibir la sabiduría de la divinidad. 40 días y 40 noches medita Buda para alcanzar la liberación total de los límites ilusorios de la creación.

Por esto, en términos humanos, completar cualquier proceso implica al menos 40 días: son necesarios 40 días desde que se le da comienzo a un proyecto para que este llegue a su maduración completa, para que tenga la fuerza suficiente para mantenerse estable y bien enraizado en la realidad. En el proceso de la Cuarentena del Sahara se brinda este tiempo para ir hasta lo más profundo de nosotros mismos, ver con claridad los límites y miedos que nos atenazan y que hemos generado, y después trascenderlos e integrarlos y reconectarnos así con la simplicidad y la sabiduría universal que late profundamente en nuestro interior. Es el tiempo necesario para acompasar nuestros pulsos y ritmos con el ritmo misterioso de la creación y su origen divino.

El objetivo de la Cuarentena en el Sahara es entonces brindar este proceso completo desde el 0 hasta el 4 y del 4 al 0. La Cuarentena está hecha principalmente para descubrir nuestra capacidad para el silencio interior, porque el silencio es la condición de la escucha atenta, y la escucha atenta es necesaria para el descubrimiento del potencial desconocido que hay en nosotros. Es la única manera de identificar los hábitos que tenemos y que nos impiden alcanzar los objetivos que nos proponemos y sentir la plenitud, que es nuestra esencia.

Se ha comprobado que la repetición de una actitud, una emoción o un pensamiento genera en el cerebro una ruta específica de la electricidad cerebral que se graba y se empieza repetir de manera automática. Una vez que esta ruta ha sido generada, es muy difícil cambiarla. Por esta razón, si hemos repetido una cierta manera de reaccionar frente a la vida, esta está ya grabada en nuestro comportamiento automático. Si desde niños, por las condiciones inevitables de nuestro entorno, nos acostumbramos a temerle al mundo, a sentirnos poco dignos de bienestar, a sentirnos aislados y tristes, a compararnos desfavorablemente con otros, a ser agresivos o egoístas, estos hábitos están grabados en nosotros y son la manera cotidiana y automática en que nos relacionamos con el mundo que nos rodea.

Es como si desde niños hubiéramos empezado a usar gafas, pero con el tiempo olvidamos que las llevamos puestas. Así, estas se convierten en parte de nuestra manera de ver el mundo y por eso no podemos notar que hay una mediación entre la realidad y nosotros. De la misma forma, si en nuestra relación con el entorno media la culpa, la agresividad, el aislamiento o el miedo, dejamos de percibirlos y empezamos a asumir que así es el mundo, que la vida está llena de limitaciones y de emociones dolorosas y de personas dañinas.

Aprender a hacer silencio significa dar espacio para volver a descubrir qué es lo que está mediando en nuestra relación con el mundo. Es la capacidad de volver a vernos con neutralidad y amor para permitir que todo nuestro organismo recupere la alineación y la coherencia con el universo.

Tener 40 días para desarrollar este silencio, el mismo silencio que Buda tuvo que descubrir para alcanzar la liberación espiritual después de 40 días de meditación, es un regalo para nuestra existencia. Es hacer un pare que nos ayude a reconsiderar completamente nuestra vida desde la sabiduría de nuestro corazón, para que sea este el que nos diga hacia dónde debemos dirigirnos para desplegar nuestro potencial y proyectarlo hacia el infinito. Son 40 días para que el silencio nos devuelva una imagen clara e inocente de nosotros mismos, no enturbiada por las interpretaciones habituales a las que nos ha acostumbrado el afán de la vida contemporánea en las ciudades; es como mirarse en el reflejo de un lago en calma, que nos muestra la verdadera forma de nuestra alma, pura y llena de amor.

Nuestra Cuarentena en el Sahara es en realidad hacer una Maestría para el silencio interior. La oportunidad de reconectarte, renacer, limpiar lo que sobra y lo que enturbia nuestra mirada y nos impide escuchar el mensaje constante y sereno, silencioso y preciso de nuestro corazón.

Articulo publicado por:

Sergio Ortí­z Sotelo

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Tu cerebro en silencio

 

El silencio es vital (así lo demuestra la ciencia).

 

Vivimos rodeados de ondas sonoras cuyos decibeles –actualmente más potentes que nunca en la historia de la humanidad– están causando estragos en la salud. Y es que nuestra psique no estaba acostumbrada a semejante estrés sonoro, sino a la paz que proporciona un cerebro en silencio.

Tanto el ruido como el silencio infieren en el cerebro, pero el primero se ha impuesto al segundo, así que prácticamente hemos olvidado lo que es un cerebro en silencio, pues son pocas las ocasiones en las cuales podemos experimentar un espacio libre de ruido y entablar un contacto con el silencio y sus prodigios.

El silencio no sólo proporciona cambios a nivel espiritual, como podríamos imaginarnos a partir de las prácticas de meditación, sino que estar en silencio implica impactos neuronales en el cerebro que se irradian sobre todo el organismo y modifican el funcionamiento entero del cuerpo.

Quizá precisamente por eso el silencio era –y es– tan apreciado en las prácticas budistas, pues, aunque no se basan en un conocimiento científico del silencio, lo practican de manera constante. Por eso, en el budismo el silencio es un lenguaje de por sí (el moku), que nos conduce a otros planos de la realidad, libres de irrupciones abruptas, y donde mente y espíritu pueden canalizarse hacia nuevos hallazgos del mundo.

 El silencio regenerador

De donde quiera que procedamos, y cualquiera que sea nuestra tradición espiritual o de pensamiento, el silencio es algo vital. Esto ha sido comprobado científicamente, pues desde hace muchas décadas se han estudiado los efectos del silencio en el cerebro y el organismo, y se ha demostrado cuán necesario es proporcionarnos espacios libres de toda perturbación sonora.

Estos son cuatro hallazgos científicos sobre los portentosos prodigios del silencio y cómo se traducen en el cerebro:

El silencio y la neurogénesis

En un experimento, un grupo de investigadores descubrió que los ratones expuestos a 2 horas de silencio diario desarrollaban nuevas células en el hipocampo, la zona del cerebro que involucra a la memoria y al procesamiento de las emociones. Esto no es bueno per se, pero complementariamente se comprobó que estas células se convertían en neuronas, lo cual es excelente, pues generar nuevas neuronas es vital para la salud óptima del cerebro, y es algo que requiere de muchos buenos hábitos para lograrse.

El silencio potencia la sensibilidad y la empatía

Además de poder generar nuevas y necesarias neuronas en el hipocampo, el silencio está asociado a otras áreas del cerebro de alta sensibilidad y donde es generada la empatía –e incluso, los sentimientos de amor–, como el giro supramarginal, que necesita de tranquilidad y silencio para funcionar adecuadamente y promover la empatía, ya que los ambientes de estrés promueven exactamente lo contrario.

Collage: Jaen Madrid

El silencio estimula otro tipo de atención

Cuando el cerebro está en silencio también se activan procesos de atención, aunque de un tipo distinto a los que conocemos, que también son necesarios para guardar energía sin dejar de estar presentes. En una investigaciónpublicada en el 2001 se halló que el silencio promovía el descanso de la corteza prefrontal, que entraba en un “modo de fábrica” necesario para ahorrar energía, pero promovía un tipo de atención más pasiva: una habilidad, según pudieron observar los investigadores, que hemos perdido con el pasar del tiempo, pero que podría ser evolutivamente fundamental.

El silencio libera tensión del cuerpo y el cerebro

En el 2006, el físico Luciano Bernardi llegó por accidente a un resultado insospechado cuando estudiaba los efectos de la música en el cerebro. Bernardi realizó una prueba en la que le puso seis canciones distintas a un grupo de personas, quienes experimentaron cambios fisiológicos en la presión arterial y en la circulación en el cerebro. Pero lo sorprendente para Bernardi y sus colegas fue encontrar que las pausas de 2 minutos de silencio tenían efectos relajantes sobre los participantes, lo que podría deberse a que estar en silencio hace que descansen las neuronas de la corteza auditiva y, con ello, las zonas del cerebro relacionadas a la atención.

Como puede verse, el silencio es algo que necesitamos: un remedio natural contra los embates modernos del ruido –palabra cuya raíz en latin significa “dolor”– y que podemos conseguir con un poco de creatividad. ¿Ya pensaste cómo y dónde conseguir tu dosis de silencio?

 

Habitaciones para experimentar el silencio total 

 

Se trata de una forma de meditación radical que nos permite acceder a la mente en poco tiempo.

 

El silencio, en nuestras sociedades de sonidos amplificados, está cobrando una vital importancia. Tanto es así que la ausencia de sonido se está volviendo un bien mercantilizable, por cuyas dosis podríamos estar dispuestos a pagar en un futuro cercano.

Y es que el silencio es una experiencia. Si existe o no, no importa –pues no podemos dejar de escuchar, aunque sea los sonidos de nuestra mente o nuestra respiración–. Lo que importa es cómo lo que podríamos percibir como el silencio tiene la capacidad de curar el cuerpo y regenerar la mente. Alejarnos del ruido es algo que nos libera cognitivamente, que puede ayudarnos a lidiar con la tensión y la ansiedad y que promueve la creatividad.

Es por eso que en el medio del arte se ha comenzado a indagar en las potencialidades del silencio y el vacío. Es, quizá, el único recurso con el que no se ha experimentado demasiado. Y es que sólo existen algunas cámaras anecoicas en universidades como Harvard y Salford. Se trata de recintos aislados de cualquier ruido externo y capaces de absorber las reflexiones producidas por las ondas acústicas al interior.

En estas cámaras, de paredes futuristas repletas de pequeñas cuñas, es donde algunos músicos y artistas han realizado sus experimentos acústicos. Algunos de ellos, como Mark Fell, buscan crear experiencias inmersivas que rayen lo trascendental.

Paradójicamente, estar en silencio se vuelve una manera de escuchar.

Saber escuchar el silencio: en eso consisten las enseñanzas del Surangama Sutra, uno de los métodos budistas para alcanzar la iluminación. Una de sus prácticas es la llamada penetración perfecta mediante la escucha. Según el maestro dharma Hsin Tao, esta práctica consiste en no escuchar palabras ni conceptos, sino el silencio.

 

Escucha el sonido del no sonido. Todo está quieto. Escucha la quietud interna y externa.

 

Esto se puede lograr en un paisaje sonoro tan ruidoso como el de las olas chocando contra las piedras de la costa. O incluso, en un espacio urbano. La cuestión es poder convertir el sonido de estos entornos en silencio: eliminar el sonido de lo que se escucha.

Sólo tienes que escuchar sin generar ataduras. Ni al sonido, ni al silencio, ni tampoco a lo que hay entre los dos. Se trata de no sujetarnos a nada. Así, lo que escuchemos no se volverá un objeto en nuestra mente, ni tampoco el silencio, que por buscarlo con desesperación se puede tornar un monólogo incesante en nuestra mente.

Estracto artículo Ecoesfera.

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Sandra Fernández

Descubridora del PCT Pulso Cuántico Toroidal Base de Bioingenieria Cuántica

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