Entrelazamientos cuánticos. Nuestra unidad fundamental con el universo

La cuántica ha venido descubriendo propiedades interesantes de la materia. Por ejemplo, hay un fenómeno asombroso que tiene que ver con el espín del electrón y la capacidad de la información para viajar de un lugar a otro. El espín es una magnitud que se mide con un número específico; para facilidad de la explicación usemos dos posibles cantidades para el espín: el cero (0) y el uno (1). Así, un electrón puede tener un espín de 1 o de 0. Ciertos experimentos lograron demostrar que, si se unen dos electrones, uno con espín de 1 y otro con espín de 0, estos electrones generan un tipo de conexión que desafía nuestra comprensión de las leyes de la materia: podemos separar estos electrones tanto como queramos, uno de ellos puede estar en un extremo del universo y el otro en el otro extremo y, sin embargo, si se cambia el espín de uno de los electrones, el espín del otro cambia inmediatamente, como si supiera al instante qué le está pasando al electrón que se encuentra a miles de millones de kilómetros de distancia.

Esto significa que hay entre estos electrones una conexión inmediata que no está sometida a los límites espaciotemporales a los que estamos acostumbrados: se comunican al instante, sin que la información deba viajar por el espacio durante un cierto periodo de tiempo. A esto se le conoce como entrelazamiento cuántico: la capacidad de la materia de permanecer enlazada sin importar el tiempo o el espacio que separe dos paquetes de información cuántica. No se entiende bien el fenómeno, pero es como si dos cosas que están en entrelazamiento cuántico supieran en cada instante el estado en el que se encuentra ese objeto enlazado, y reaccionaran inmediatamente a ese estado.

Pensemos en la gran cantidad de personas, lugares, cosas, pensamientos, ideas, etc., con las que hemos estado en contacto y con las que tenemos un enlace cuántico. Aun si no somos conscientes de ello, todas las transformaciones y cambios que esos lugares o personas experimentan están influenciándonos en la actualidad; de la misma forma, todo lo que pensamos, sentimos y hacemos, influye en todas esas cosas que están enlazadas con nosotros.

Reflexionemos desde esta perspectiva en el nacimiento de un niño: antes de que el nuevo ser humano nazca, se ha dado un proceso de nueve meses en el que las células de ese nuevo cuerpo han estado formándose y multiplicándose en el útero de una mujer. Por eso, por ese contacto tan íntimo, es evidente que esos dos seres, la madre y el bebé, se encuentran enlazados profundamente. A partir de la propiedad del entrelazamiento cuántico podemos asumir que sin importar qué tan separadas estén estas personas, lo que le pasa a una influye a la otra, de manera instantánea. Una emoción negativa o positiva de la madre puede impactar a su hijo o hija, sin importar si se encuentra en otro planeta, o si tiene 2, 3 o 50 años; y lo mismo ocurrirá de parte del hijo hacia la madre.

Pero no solo la relación madre-hijos tiene este comportamiento, todas las relaciones y contactos generan algún tipo de impronta en nosotros: relaciones de pareja, relaciones familiares, relaciones laborales, relaciones con nuestra tradición, con nuestro país o región, con la historia, etc., todas son fundamentales para configurar nuestra identidad y todas están enviándonos información que afecta nuestro equilibrio energético presente, sin importar dónde nos encontremos.

Y aun esta reflexión puede llegar a un nivel más profundo: antes del inicio del tiempo, en lo que la astrofísica ha nombrado Big Bang, esa gran explosión que dio origen al universo manifestado, toda la energía estaba condensada en un solo punto de masa extraordinariamente grande. Según la ciencia, este punto de unidad fue lo que espontáneamente explotó y se transformó en galaxias, planetas, sistemas solares, etc. Nosotros, como humanos, somo una consecuencia de esa explosión, y toda la energía que nos configura se encontraba ya en ese punto previo a la explosión, unida a todo lo demás, en una masa de existencia indiferenciada. Eso significa no solo que estamos enlazados con las personas y lugares con los que hemos tenido algún contacto, sino que, por nuestro origen cósmico, estamos entrelazados con todo cuanto existe, con el sol, las estrellas, las galaxias, el espacio.

Por todo esto, tomar consciencia de los entrelazamientos de nuestra vida es esencial para construir un estado adecuado de bienestar, pues, si bien aparentemente somos individuos separados del resto del universo, la mecánica cuántica nos ha revelado que en realidad estamos enlazados con todo lo que existe, y debemos sanar nuestra relación con todo lo que nos rodea, o nos ha rodeado, para armonizar nuestra vida y ser fuentes de sanación para el resto del mundo.

En el IBC trabajamos en esta dirección. Mediante el pulso aprendemos a recibir información que nos revela cuáles son esos entrelazamientos cuánticos que nos están impidiendo la realización de algún proyecto o el alcance de nuestra felicidad, y mediante procesos de sanación con geometría, luz, sonido, color, etc., buscamos armonizar esas relaciones que, sin estar necesariamente presentes físicamente, siguen determinando el curso de nuestra vida. De esta manera aprendemos a sanar nuestras relaciones con el mundo que nos rodea, y lo hacemos desde dentro de nosotros mismos, sin tener que ir a buscar la sanación afuera y sin culpabilizar al mundo por nuestra condición presente.

Gracias a este proceso, todas las relaciones que han dejado su impronta en nosotros se potencializan y se convierten en fuentes de amor y sabiduría, y dejan de ser una carga para nosotros. Además, como es un proceso que tiene que ver con las relaciones y los entrelazamientos que hay en estas, estos procesos pueden verse como una armonización de la energía sexual en nuestra vida. Esta energía es la expresión micro-cósmica de la sexualidad macro-cósmica del universo, esa energía gracias a la cual unas cosas buscan a otras para enlazarse con ellas y crear nuevas formas y manifestaciones. Así, la sanación de los entrelazamientos cuánticos, además de balancear nuestra vida presente, nos ayuda a expandir nuestro poder creativo y a disolver el miedo que nos impide relacionarnos abiertamente con la vida y amarla en todas sus infinitas dimensiones y en su infinita variedad.

Sergio Ortiz

Editor IBC