Más allá del conocimiento y control humano: “Pandemia de miedo en tiempo real”

Muchos eventos desfavorables convergen a diario sobre la faz del Planeta, pero por suerte, para “todo mal” existe una solución. El ser humano de buena voluntad tiene ciertas reservas intrínsecas, que incluso no siempre conoce, que lo hacen crecer ante las más eventuales dificultades, esa intuición, esa defensa natural es la que todos los días nos permite enfrentar la adversidad y salir de esos estados de vulnerabilidad.

Sabemos que el sistema inmunológico humano es esencial para nuestra supervivencia en un mundo lleno de microbios potencialmente peligrosos. Nuestro cuerpo cuenta con un mecanismo de defensas natural, que reacciona frente a cualquier agresor “extraño” que intente causarle daño, debilitarlo o hacerlo enfermar. Sin embargo, existen determinados factores que pueden hacer mermar estas defensas naturales como son el estrés, una alimentación inadecuada y la falta de sueño. Sabemos que somos más propensos a enfermar cuando vivimos con miedo y permanecemos en estrés. En contraposición a lo anterior el mantener un estilo de vida saludable, fortalece nuestro sistema inmunitario.

Debemos ser más consciente de las causas que subyacen a las enfermedades emergentes y de nuestra responsabilidad por lo que hacemos en el mundo, en el medio ambiente, en nuestra huella ecológica, indicador del impacto ambiental generado por la demanda humana que se hace de los recursos existentes en los ecosistemas del planeta, dado que a medida que vulneramos el contacto con la vida silvestre en nuestras actividades cotidianas, estamos más expuestos a la acción de microorganismos patógenos y eso se expresa en  tener que enfrentar enfermedades  desconocidas epidémicas y pandémicas.

Una mirada más auspiciosa en el actual escenario de la pandemia del Covid-19 a la cual nos enfrentamos, puede ser el considerar que el ser humano a través del tiempo ha sido capaz de sobrevivir a enfermedades, virus, bacterias, terribles epidemias y pandemias como también sequias, inundaciones, conflictos armados, el hambre, la miseria, las drogas, crisis económicas, terrorismo y aun así el ser humano ante la adversidad mantiene la esperanza.

Estamos ciertos de que este nuevo coronavirus y la enfermedad asociada con él, COVID-19, nos lleva a la responsabilidad individual y colectiva de tomar precauciones de salud como son: Lavarse bien las manos, al menos, durante 20 segundos y hacerlo de manera frecuente, en especial, cuando se esté en espacios públicos, evitar tocarse ojos, boca y nariz sin antes haberse lavado las manos, evitar el contacto cercano con personas que se sospeche pudieran estar infectadas. Y a nivel masivo y de movilidad como son los aeropuertos internacionales con mayor tráfico de pasajeros del mundo, cumplir con las medidas de seguridad, como son las pruebas térmicas a los pasajeros para detectar fiebres causadas por  infecciones como CoV, gripe porcina e influenza (como H1N1).

El cribado térmico se efectúa utilizando sistemas de cribado en masa que miden la temperatura de la piel a alta velocidad utilizando equipos de imágenes térmicas y de medición de temperatura como el escáner FevIR. Además, se aconseja a los viajeros que sigan unas prácticas adecuadas de ‎higiene alimentaria, incluidas las cinco claves para la inocuidad de los alimentos‎, y las ‎recomendaciones para reducir el riesgo de transmisión de patógenos emergentes desde animales ‎a seres humanos en mercados de animales vivos.

El coronavirus es un virus al que solo podremos superar mediante la investigación, la higiene y la atención médica seria. Algunos expertos creen que las altas temperaturas acabarán con el brote de coronavirus, “los coronavirus con temperaturas altas se inactivan”. Por su parte algunos investigadores de Biología Viral han afirmado que como otros virus respiratorios van por temporadas (gripe, virus respiratorio sincitial), los científicos afirman que el rango de temperaturas apropiado para la supervivencia del coronavirus es de 13ºC a 24ºC. “El aire caliente y las temperaturas bajas durante más de una semana ayudan a eliminar el virus”. La predicción es que en las ciudades con una media de temperatura por encima de 24º C la epidemia acabe al no reproducirse el coronavirus. Otros expertos no creen que el calor acabe con el coronavirus, aunque sí podría ayudar a reducir la transmisión.

Tenemos razones para esperar que, al igual que otros betacoronavirus, cuando están fuera de una célula “cada día pierdan la capacidad de infección“. “Cuando el virus se transmite a partir de secreciones que han caído en superficies externas y el virus está a la intemperie es sensible a la desecación, al aumento de la temperatura exterior y a la luz ultravioleta del sol. Por tanto, cuando llegue el calor, lo previsible es que los virus que salgan de una persona y caigan en superficies externas se inactiven antes, reduciendo la transmisión”.

Es importante reforzar nuestra confianza en nuestra habilidad de aprender y re-educar nuestra voluntad. La educación, la alfabetización mediática y la higiene mental también ayudan como remedio para los miedos y emociones irracionales.

Si nos remitimos al conocimiento y valoración de la higiene ambiental y del aporte de los recursos naturales en el fortalecimiento de nuestra salud, debemos aprender a beneficiarnos de las temperaturas cálidas las que procuran a nuestro organismo una sensación de confort, un verdadero bienestar que relaja todos nuestros músculos y los alivia. El sol representa un extraordinario aporte en vitamina D, que nos ayuda a fijar el calcio en los huesos. Y también contribuye a disminuir los riesgos cardiovasculares, la hipertensión arterial, la diabetes e incluso la obesidad. Por otro lado, los rayos UV se utilizan a veces para tratar ciertas patologías cutáneas.

Asimismo, el sol da ritmo a nuestros ciclos biológicos e interviene en nuestro equilibrio síquico, en nuestro descanso/sueño y en nuestro humor/ánimo. esa sensación de bienestar. Ese sentimiento procede en realidad de la endorfina B, responsable del bronceado, actúa sobre las neuronas sensoriales y crea una especie de euforia muy buena para el organismo. Permite encontrar paz y serenidad, reducir el estrés, los dolores y ocasiona unas ligeras ganas de dormir.

A nivel muscular, la entrada en calor, mejora la fuerza y la contracción; los tendones se hacen más flexibles provocando una menor resistencia a los cambios de longitud (contracción y relajación), la distribución sanguínea a nivel muscular pasa del 15% al 85%; favorece la disociación del oxígeno de la hemoglobina.

Desde una óptica positiva podríamos considerar la naturaleza global de una pandemia como una realidad que nos unifica y nos recuerda nuestra vulnerabilidad humana común. No obstante, la revolución digital ha complicado la situación, los rumores y las mentiras se propagan a través de las redes sociales y las aplicaciones de mensajería mucho más rápido de la información que las autoridades de los campos de la biología, la medicina y la salud pueden proporcionar.

Estamos vinculados en una unidad, en la que cada aprendizaje individual supone una ventaja evolutiva para la especie. el virus está haciendo el trabajo alquímico de acelerar la evolución humana, está impulsando a los humanos y a las naciones a trabajar juntos para lograr un mayor nivel de armonía y amor

El Instituto de Bioingeniería Cuántica nos sugiere mantener la calma y la confianza en la vida para aprender a vivir con seguridad teniendo la confianza de que la vida nos sostiene.

Margarita Ortega González

Profesora Biología y Ciencias. Docente Bioingeniería Cuántica

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Sandra Fernández

Descubridora del PCT Pulso Cuántico Toroidal Base de Bioingeniería Cuántica

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