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La sombra, un gran maestro

Osuridad, penumbra, tiniebla, negrura, opacidad, tenebrosidad, lobreguez.

Nuestra sombra, la parte de nosotros que más nos cuesta aceptar y que rechazamos para que no sea vista, para que no salga a la luz.

Cuando somos pequeños, aparece de forma espontánea, no la ocultamos, pero a medida que vamos creciendo, la encerramos en el lugar más apartado de nuestro ser, bajo cadenas y candado, con la intención de que desaparezca para siempre y nadie sepa de su existencia. Nos avergonzamos de ella, la rechazamos, la repelemos, sin darnos cuenta, de que esa parte nuestra que no estamos abrazando, es la parte clave para hacernos crecer y evolucionar.

Existe un profundo rechazo en nuestra sociedad hacia lo oscuro, por eso la oscuridad ha sido desterrada de nuestra realidad y no nos permitimos integrarla dentro de nosotros. Debemos ser capaces de asumir que estamos hechos de luz y sombra, porque nacemos desde la oscuridad, desde el dolor de las entrañas de nuestra madre y una vez salimos de su vientre, la luz más pura y brillante inunda su ser y el nuestro, la luz de la vida, permitiéndonos sentir y experimentar toda la realidad que nos rodea al cien por cien.

Ésta es la verdadera maestría de la vida, la integración de ambas polaridades, porque no hay luz sin sombra y no hay sombra sin luz.

No queremos dolor, no queremos sufrimiento, pero esta parte es absolutamente necesaria en este plano dual que vivimos aquí en la Tierra. El ser humano se ve enfrentado a sí mismo a lo largo de toda la vida, debe trascender sus miedos, ir más allá de sí mismo, de lo que es capaz de dar de sí, y en este contexto se da la evolución de su código genético, donde sólo los más fuertes sobreviven.

En Bioingeniería Cuántica, la sombra es un maestro con el que conectamos desde el corazón y del que aprendemos su gran maestría porque entendemos que es una parte necesaria para la evolución del todo, ya que no existe bien y mal, sólo equilibrio y vida en estado puro. Comprendemos que la conciencia a veces se disfraza de luz y otras, de sombra.

Cuando atendemos a pacientes que tienen un alto porcentaje de sombra en su biocampo, nos hacemos servir de nuestra calidad frecuencial (atención, intención y compasión) para observar desde la neutralidad y actuar de una forma eficiente. En tratamientos de oscuridad, hacemos uso del Merkabah blanco y negro, formado por un tetraedro de luz y otro de oscuridad. El bioingenierio está preparado para trabajar con la sombra porque ha integrado la suya a través de la meditación consciente, la ha reconocido, la ha abrazado, la ha aceptado e integrado y hasta ha bailado con ella.

 

Porque todos somos luz y sombra, yo soy sombra, yo soy luz, porque al fin y al cabo, soy conciencia consciente de la dualidad, lo que hace que pueda trascenderla.

 

Eva Caballero

Bioingeniería Oficial

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