Calidad frecuencial. La coherencia y la calidad de nuestra vida

Quizás todos hemos tenido la experiencia de afinar una guitarra. Para afinar la quinta cuerda, por ejemplo, debemos tocar la sexta cuerda al aire y ese sonido debe replicarse en la quinta cuerda con el quinto traste oprimido. Cuando estos dos sonidos son iguales, es decir, cuando están afinados, si se pulsa la sexta cuerda, la quinta vibra aun si no la pulsamos. Esto ocurre porque las dos cuerdas están ahora a la misma frecuencia vibratoria; el sonido de una activa inmediatamente el movimiento de la otra, porque las dos están afinadas a la misma frecuencia.

En el universo las cosas funcionan de manera similar. La multiplicidad e infinita variedad de la realidad en la que vivimos se da porque hay una infinidad de frecuencias vibratorias que determinan lo que cada cosa hace y es. Es lo que la ciencia ha ido descubriendo a partir de las teorías de la relatividad y del consecuente desarrollo de la mecánica cuántica: todo en el universo es la misma energía y las diferencias que percibimos entre las cosas se deben a que esta energía, que es la misma en todas partes, toma diferentes frecuencias y velocidades de vibración. Entonces, lo que llamamos materia física no es más que la forma más baja de vibración de la energía, es decir, la frecuencia más lenta de vibración, como si dijéramos, los bajos de la guitarra. Pensemos, como ejemplo, en las emociones. Los humanos experimentamos diferentes emociones: cariño, seguridad, confianza, miedo, rabia, culpa, amor, entusiasmo, etc. Según acabamos de decir, todas estas son en realidad la misma energía, pero se sienten como diferentes porque hay diferencias en la vibración. El amor vibra a una cierta frecuencia, diferente de la confianza y de la ira; la rabia también tiene su propio registro vibratorio que la distingue del miedo o la culpa. Esto mismo ocurre con los pensamientos, los objetos, las ideas.

En esta variedad vibratoria, por lo demás, se cumple la misma ley que describimos para las cuerdas de la guitarra: las personas, cosas y experiencias vibran al unísono con personas, cosas y experiencias que tienen la misma afinación, es decir, que vibran a la misma frecuencia. Entonces, volviendo al ejemplo de las emociones, podemos entender que el amor en una persona hace vibrar el amor en otras personas, y que el miedo que alguien está expresando activa el miedo en otras personas. De esto también se desprende lo que conocemos como Ley de atracción: algo que vibra en amor tiende a juntarse con otras cosas o personas que vibran en amor; algo que vibra en miedo tiende a atraer cosas con miedo o que le producen miedo. La frecuencia determina lo que voy a atraer y a percibir en mi realidad circundante.

Un ejemplo muy concreto de los efectos de la vibración es el experimento que hizo famoso al doctor Masaru Emoto: este doctor japonés sometió el agua a diferentes tipos de emociones y vibraciones, y después, al congelar estas porciones de agua, descubrió que los cristales que se formaban en el hielo correspondían a la vibración que se le ponía a cada porción de agua. Así, los cristales del agua congelada que había sido sometida al miedo tenían estructuras irregulares y muy poco bellas, mientras que los cristales producidos en porciones de agua que habían vibrado con energía de amor se organizaban en estructuras armónicas, estables y bellas a la vista. La vibración afecta todo lo que rodea a esa fuente de vibraciones.

Con esto en mente ya es posible entender lo que en el Instituto de Bioingeniería Cuántica se entiende por Calidad Frecuencial. Igual que todas las cosas, nosotros, como individuos, vibramos a determinadas frecuencias. En términos generales, estas frecuencias personales nuestras están determinadas por las emociones que sentimos y por los pensamientos que tenemos y reproducimos, es decir, están determinadas por aquello en lo que enfocamos nuestra atención y nuestra consciencia. Estos pensamientos y emociones determinan nuestra frecuencia vibratoria, lo que significa que determinan la calidad de nuestra frecuencia: ¿es la frecuencia de nuestra individualidad una frecuencia alta o baja?, ¿vibramos en amor o en miedo?, ¿el agua de nuestro cuerpo formaría, si se congelara, cristales bellos o cristales inarmónicos?

La Bioingeniería Cuántica empieza precisamente por devolvernos a la consciencia, para que podamos percatarnos de aquello en lo que ponemos nuestra atención, para descubrir el tipo de emociones que sentimos diariamente y el tipo de pensamientos que reproducimos. Descubrir aquello en lo que vibramos y que determina la calidad de nuestra frecuencia es esencial para empezar a transformar lo que no nos gusta de nuestra realidad: una vez que identificamos la vibración en la que estamos, nos es posible ejercitarnos para empezar a llevar nuestra atención a aquello que sí queremos ver en nuestra realidad.

La más alta calidad que podemos construir para nuestra vida será entonces la que viene de la mejor calidad frecuencial. Igual que en el caso de la guitarra que mencionamos al inicio del artículo, los seres humanos debemos afinar nuestras vibraciones para que todo en nosotros vibre en armonía y en una afinación perfecta. A esta afinación la conocemos con el nombre de coherencia. Coherencia se refiere a la más alta calidad frecuencial, que se da cuando nuestros pensamientos y emociones están afinados con nuestras palabras y con nuestras acciones. Este es el estado de perfecta afinación desde el que podemos interpretar la más bella melodía de nuestra vida, desde donde nos es posible reglarle al mundo lo mejor de nosotros y portar a la construcción de una realidad más bella para nosotros y para quienes se cruzan en nuestro camino.

Finalmente, señalemos que, si en un principio esto puede sonar como algo difícil de lograr, es necesario recordad que tenemos el aliado más poderoso en este proceso de elevación frecuencial. Este aliado lo llevamos en el centro de nuestro cuerpo y late en cada momento de nuestra existencia con la información que necesitamos para armonizar nuestra vibración. Nuestro guía y aliado, y al que recurre la Bioingeniería para alcanzar esta perfecta armonización es, como ya habrán adivinado, nuestro corazón.

 Sergio Ortiz, Editor IBC

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Referencias

Emoto, M. (2003). Mensajes del agua: la belleza oculta del agua. España: La Liebre de Marzo.