Energía sexual, creatividad y potencial humano

Las tradiciones esotéricas de todas las regiones del planeta y de todas las épocas, han comprendido que la existencia está sostenida en la sexualidad, en lo que se conoce como el principio de la sexuación. Numerológicamente es lo que se ha expresado con el misterio de la trinidad. El 1 representa la unidad, el origen, lo indiferenciado; el 2 es la representación de ese momento en el que el 1 se manifiesta a sí mismo y se expresa en otro, que no deja de ser él mismo, pero reflejado. En el juego de tensiones que se da en esta dualidad se reconoce la sexualidad: esta es el encuentro de dos cosas que se conectan, chocan, se atraen y repelen, para darle vida a una nueva cosa, el 3, la trinidad. La trinidad es la base de todo el resto del universo. También lo vemos geométricamente en el triángulo, pues solo con una figura de tres ángulos podemos tener una superficie visible.

Es lo que la filosofía del taoísmo presenta al hablar de las dos energías que dan forma a la vida, es decir, el yin y el yang, que se mezclan y juegan entre sí para generar todas las formas, los colores y las experiencias. Es también lo que la filosofía india antigua describió como el ida y el pingala, los canales energéticos a partir de cuya interacción despierta la energía kundalini, que es la base energética de la manifestación material de la Tierra y de nuestros cuerpos. Así, para todas estas visiones esotéricas, esta conexión entre dos entidades que se unen y forman una tercera vida es la base de la existencia de todas las cosas y los seres.

En la actualidad, la ciencia occidental empieza a reconocer este mismo hecho, dándoles a estas energías que se manifiestan en polaridades el nombre de energía eléctrica y energía magnética. Y cada vez se reconoce más claramente que estas son lo que sostiene el movimiento de los átomos, las estructuras moleculares del ADN y las conexiones que sostienen la materia, es decir, son la base de lo que llamamos realidad.

Por eso es fundamental que como seres conscientes reconozcamos este proceso de la sexuación como un movimiento necesario para el desenvolvimiento de la vida. Además, los seres humanos somos la representación microcósmica de estos procesos macrocósmicos, y en nuestros cuerpos físicos y energéticos también encontramos estas energías duales que deben reconciliarse y fecundarse para crear nueva vida. La manifestación más clara y evidente de esto es la creación de un nuevo ser humano a partir de una mujer y de un hombre. Estas polaridades, masculina y femenina, esperma y óvulo, chispa y pólvora, deben estimularse mutuamente para que las células de un pequeño humano empiecen a formarse y den como resultado el nacimiento de una niña o un niño, que tendrá una vida propia.

Sin embargo, la creación de nueva vida humana no es la única posibilidad de la energía sexual humana. Toda creación, toda cosa, experiencia o fenómeno que queramos crear y manifestar en nuestra realidad necesita de ese proceso de fecundación que la energía sexual produce. Entonces, si estamos entrando en esta nueva era, la era en que cada persona debe asumir su propia existencia y crear la realidad que vibre con sus deseos y con su energía, esa realidad que la haga sentirse plena y feliz, empoderada y realizada, necesitamos desarrollar una clara consciencia de los mecanismos de la creatividad, es decir, debemos tomar plena conciencia de lo que significa la sexualidad.

Frente a la necesidad de acrecentar nuestro poder creativo, uno de los mayores desafíos de esta era que nos recibe con tantos cambios es que, durante la era que dejamos atrás, muchas instituciones en el mundo se encargaron de implantar en nuestras mentes creencias y perspectivas que nos enseñan que la sexualidad y la energía creadora de la sexuación son aspectos negativos del ser humano, y que deben ser rechazados, negados, ocultados, y que debemos tenerle miedo a esta energía porque es pecaminosa y nos lleva a la condenación. Es decir, se le enseñó a la humanidad lo contrario de lo que enseñaron siempre las tradiciones místicas del planeta: en lugar de invitar a que se reconozca el poder de la sexualidad, nos enseñaron a temerle; en vez de invitarnos a disfrutar del proceso creativo de la realidad, nos enseñaron a aceptar las realidades que otros diseñaron para nosotros; no se nos dijo que somos seres poderosos capaces de construir una vida de plenitud y satisfacción, sino que nos convencieron de que somos criaturas débiles, sin poder, enfrentadas a un universo hostil y cruel; y finalmente, en lugar de poner en evidencia que el amor es la fuente de la que todo surge, se puso al miedo como el motor del mundo.

La energía sexual es esencial en todo proceso de desarrollo de nuestras potencialidades humanas. Estas palabras de un experto taoísta lo expresan con claridad:

Además de ser beneficiosa para el cuerpo, la energía sexual también es el combustible que alimenta las emociones, que pueden estallar fuera de control o generar una energía cálida, cómoda e irradiante en el cuerpo. Los desequilibrios sexuales pueden nublar la mente, produciendo pensamientos distorsionados y deseos desviados; por otra parte, la sexualidad equilibrada puede ser una fuente de creatividad y un modo de realizar nuestros sueños. También es la energía que puede generar la realización espiritual, pues es la fuerza que unifica y produce totalidad a partir de los pares de opuestos (Chia y Wei, 2002).

Entonces, por todo lo que hemos señalado hasta aquí, por las infinitas posibilidades de la energía sexual y por los fuertes retos que debemos superar para aprender a liberar esta energía en nosotros, en el IBC hacemos un fuerte énfasis en reconocer, sanar y potenciar nuestra conciencia de la sexualidad. Como seres humanos, solo con una sexualidad sana, saludable, respetuosa, empoderada, que se base en la comprensión del amor como la base de todo en el universo, podremos recuperar la plenitud de la existencia, para que esta vibre en cada célula de nuestro cuerpo, en cada neurona de nuestro cerebro, para que brille en nuestros pensamientos, sentimientos y acciones.

Sergio Ortíz, Editor IBC 

Referencias

Chia, M. y Wei, W. (2002). Reflexología sexual. Argentina: Neo Person.

Lao Tse (2018). Los libros del Tao. Tao Te ching (trad. Iñaki Preciado Idoeta). España: Trotta.

 

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