Cuidarte a ti mismo: un camino sagrado

El año 2020 ha sido sorprendente. Ha traído cambios radicales que hubieran sido muy difíciles de predecir para la mayoría de la población de nuestro planeta. Sin embargo, desde cierto tipo de sabidurías, como las que estudian los ciclos cósmicos de los que la Tierra hace parte, se sabe que este es un momento de transformación y transición hacia nuevas formas de pensar, de organizarnos como humanidad, de relacionarnos con nuestro planeta, de utilizar los recursos materiales que nos brinda la Tierra. Hemos entrado en otro período de nuestro mundo y esta nueva energía nos pide otras formas de proyectar nuestras ideas y de construir nuestras realidades.

En el Instituto de Bioingeniería Cuántica somos plenamente conscientes de los llamados que nos hace el mundo en la actualidad. Un llamado a despertar, a crecer juntos. Por eso, toda nuestra enseñanza está enfocada en brindar herramientas prácticas que transformen de formas simples nuestra manera de relacionarnos con la vida. En este proceso hemos identificado algunos aspectos recurrentes en el ser humano que ya no nos sirven para la nueva energía que está vibrando en nuestro planeta, por lo que es mejor intentar una transformación que nos ayude a aprender de ellos para después trascenderlos.

Un aspecto clave que debemos revisar es la manera en que entendemos la relación entre nuestra individualidad y la comunidad que nos rodea. Desde la perspectiva tradicional, basada en ciertas visiones religiosas, se nos ha enseñado a valorar el sacrificio y el martirio como rasgos de virtud y bondad. Por eso, hemos aprendido a pensar demasiado en quienes nos rodean, en su comodidad, en lo que puedan pensar de nosotros, y muy poco en nosotros mismos y en nuestro propio bienestar.

Muchas personas viven hoy con grados muy elevados de tensión o estrés, porque se ocupan de cuidar a muchas personas de su entorno, pero tienen el problema de que olvidan cuidarse a sí mismas. Esta situación produce muchos casos de agotamiento, cansancio, depresión y, en últimas, enfermedades físicas. Así, la persona que cuida de las otras sin cuidarse a sí misma, pierde su salud y ni ella ni quienes son cuidados por ella tienen finalmente un apoyo. Lo que esto significa es que esa persona que quiso dar lo mejor de sí no tuvo la consciencia de darse a sí misma lo que daba a los otros, y perdió su balance energético. Con esto queremos señalar que si bien ser cuidadosos de los demás es una práctica clave para el desarrollo de la cooperación y la unidad, esta unión nunca debe hacerse mediante una violencia de nuestra propia individualidad.

La individualidad es nuestra sensación de ser un “yo”, con una historia personal, con unas necesidades propias, con unos gustos y deseos. Y esta individualidad merece todos nuestros cuidados, porque al final de cuentas es lo único que realmente poseemos. Además, si cuidamos esta individualidad, desde la energía que este cuidado nos produce podremos cuidar y dar amor a quienes nos rodean, pero no podremos dar energía y amor si primero no hemos puesto estas energías en nosotros. Para cooperar y construir con otros debemos revisar primero cómo se encuentran nuestros niveles de energía, y a partir de lo que veamos empezar a balancearnos y fortalecernos.

Esta es la propuesta que hacemos en el IBC con nuestra formación de

terapeutas en bioingeniería cuántica. Nuestro principal objetivo es enseñarles a los participantes a cuidar de

sí mismos, porque sabemos que quien se cuida y alimenta el amor que hay en su corazón se convertirá en una fuente de energía y crecimiento

para otros, para sus familias, amigos, compañeros de trabajo, para sus conciudadanos y para todo el planeta. Cuidarnos a nosotros mismos es un camino sagrado, porque es el inicio de los cambios que este tiempo nos está pidiendo que hagamos.

Es importante despertar la sensibilidad hacia lo que estamos comiendo, al aire que estamos respirando, al estado de nuestro cuerpo, al ejercicio físico que necesitamos para mantener nuestras células en buen estado. Así le devolvemos la salud y la fuerza a nuestro cuerpo. También tenemos que empezar a prestar atención a las emociones que sentimos recurrentemente, a nuestro estado de ánimo, para intentar fortalecer las emociones que nos dan bienestar y energía y nos hacen crecer, y dejar de intensificar las emociones destructivas. Con eso balanceamos nuestro sistema emocional. Y tal vez lo más importante, necesitamos darnos cuenta del tipo de pensamientos que cruzan nuestra mente, de las afirmaciones que nos hacemos, de si pensamos con optimismo sobre nosotros mismos o si nos criticamos y comparamos negativamente con otras personas; debemos fortalecer la capacidad de hablarnos con amor, con paciencia, con cuidado, como si habláramos con un niño; de tener imágenes constructivas, llenas de luz, de crecimiento, en lugar de imaginar escenarios dolorosos o de fracaso. Mediante estos ejercicios de visualización e intensión ponemos nuestra mente a nuestro favor.

Además de esto, en la formación de terapeutas aprenderemos a sentir el pulso de nuestro corazón, y a reconocer que este es la base del cuidado y del autocuidado, porque el corazón siempre sabe lo que nos conviene, lo que es apropiado para nosotros, lo que necesitamos para cuidar nuestra energía y para acrecentarla, pero también es desde el corazón desde donde nos conectamos con los demás. El corazón es la clave del equilibrio entre esta individualidad sagrada y la unión con todo lo que nos rodea, que también es sagrada. El corazón es el centro del “yo”, pero también es el centro del “nosotros” y el camino hacia el “todo”. Reconocer nuestro pulso y aprender a leer sus mensajes es la clave de toda forma de autocuidado, y es el fundamento de la enseñanza del IBC en la formación de terapeutas.

Te invitamos a descubrirte a ti mismo y a desarrollar la escucha atenta de tu propio corazón. Te invitamos a tener una vida plena, llena de alegría, satisfacción y amor. Y sobre todo te invitamos a aprender a cuidar de ti mismo para que te conviertas en fuente de luz para el mundo.